info@casacriscazorla.com

Tlf: 656 642 548

Oteando la vida.


Y ahí estaba, en lo alto de, mirando a...sin más.

Parece poco y sin embargo quien se sentía poca cosa era yo. He ahí la magia de otear.

Es imprescindible en la vida salir del valle, dejar atrás cada bocanada de esfuerzo subiendo la cuesta, soltar el lastre de nuestra mente a cada paso y sentir como el esfuerzo abre nuestros pulmones.

Es aquí donde comienzan las incongruencias. El aire es frío e incluso duele por dentro, pero el sol aprieta e incluso quema por fuera. La mente calla no hay nada en que pensar, pero el corazón late tan fuerte que incluso llega a nuestros oídos. Lo innecesario va quedando en el camino, lo imprescindible va teniendo más relevancia de la que éramos conscientes.

Es en ese punto donde los ruidos, sonidos confusos que nos absorben cada día, desaparecen descubriéndonos antiguas y eternas melodías. El ritmo de nuestro caminar se acompasa al fin con nuestra respiración y nuestro latir.

Y justo en mitad de la cuesta, ya no hay prisa, ni pausa. El sendero es tan eterno hacia arriba como hacia abajo y el final, se halla igual de escondido como el principio.

Pero aún nos sentimos poderosos, indestructibles, quizás por el ahínco que ponemos en el reto.

La clave está arriba, cuando creyendo que hemos cumplido nuestro objetivo, pensando que hemos llegado a un final, descubrimos la magnitud que se nos abre ante nuestros ojos.

Sentimos que ha merecido la pena aún sin terminar de entender nada. No hay final, sino infinitud. Ninguno de nuestros sentidos es capaz de abarcar algo tan inconmensurable y es ahí cuando sabemos que formamos parte de un todo. La tenacidad puesta en el camino nos ha llevado a una eternidad y se nos abren incontables opciones ante nuestros ojos.

Y así fue como conmovida ante tanto, supe que era hora de comenzar el camino de vuelta. Un pie tras otro, me sumergían de nuevo en el valle de mi presente, con la diferencia dibujada en una sonrisa en mi rostro sintiéntome afortunada por haber contemplado cuánto hay ahí fuera.

¿Volveré? Probablemente no, pero cada valle tiene sus cimas... y me gusta caminar.

Quieres dejar algún comentario?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *